AUTOCONTROL Y COMPRAS COMPULSIVAS

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De seguro en alguna oportunidad de tu vida has conocido personas cuya principal característica resulta ser un comportamiento impulsivo hacia la adquisición o consumo de ciertos bienes o servicios; en relación a ello y pese a lo que nos expone la teoría económica clásica, la psicología ha demostrado como no todas las decisiones que tomamos con base en nuestras preferencias y motivaciones suponen ser acciones racionales, de hecho muchas de ellas son concebidas como malas decisiones tanto económicas como personales ya que nos generan, bien sea de forma inmediata o a futura, un deterioro en el nivel de vida que llevamos (Thaler, R., & Mullainathan, 2008).

A esta acción los economistas le han concedido el término de “compras compulsivas” y a su vez la disciplina de la psicología la ha concebido como parte de un trastorno de compra compulsiva (CC); al hablar de él nos referimos a “la presencia de preocupación, impulsos y/o comportamientos desadaptativos de compra persistentes que se experimentan como irresistibles e intrusivos y que ocasionan un perjuicio al individuo y/o otras personas de su entorno” (Diez D. et al, 2016); de acuerdo con el autor, estos episodios de impulsividad son realmente frecuentes y se traducen en la adquisición de objetos poco necesarios para la vida y el bienestar del individuo, muchos suelen ir desde el consumo de comida proveniente de la basura hasta la compra incontrolada de boletos de lotería y juegos de azar.

Lo cierto es que al adoptar este comportamiento los consumidores conocen bien las consecuencias de sus actos, debiendo así asumir, a raíz de ello, grandes dificultades financieras o problemas de salud asociados en varias ocasiones con el consumo excesivo de comida rápida. Estos elementos parecen entonces hacer surgir una contradicción que sin duda para todo investigador resulta ser interesante al momento de analizar el tema del autocontrol.

Las compras de impulso por tanto se sustentan en las emociones y no en la razón de quien las ejecuta, sobre ella entonces actúan dos términos que nos ayudarán a entender de qué manera opera dicho comportamiento o trastorno; cuando hablamos del “sesgo presente” (Wohl, S. , 2012) nos estamos refiriendo a la tendencia que existe en ciertos individuos de anclarse a las rutinas presentes sin considerar la posibilidad de cambiarlas de manera regular; a su vez, cuando usamos el concepto “sesgo de inconsistencia temporal” estamos señalando la tendencia a conceder más valor a situaciones presentes (a corto plazo) que a situaciones futuras (a largo plazo).

Aunque puedan parecernos un poco abstractos los conceptos, en realidad suelen ser sumamente sencillos de comprender, nos explican la existencia de personas cuyos comportamientos, al ser impulsivos, plantean el consumo diario y en todo momento de bebidas tales como Coca Cola o decisiones como el tabaquismo, basándose en la satisfacción inmediata de deseos sin considerar los efectos que ambos productos generan en el organismo en el futuro; a su vez hacen de estas acciones rutinas cuyo rompimiento es sumamente difícil.

Por otra parte, la psicología indica que la incidencia emocional no sólo incurre como un motivo que impulsa la acción de comprar sino también como resultado de ella, la ansiedad y la depresión son descritos como estados de ánimo negativos que en la mayoría de los casos desencadenan las compras compulsivas; (Abirrached, 2016) a su vez, luego de ejecutarlas las personas con CC afirman experimentar una reducción en los niveles de ansiedad o estrés dando lugar así a una elevada excitación y otras emociones positivas que tienden a desaparecer tras el acto de comprar y que dan paso a sentimientos de tristeza, culpa o enfado. (Diez D. et al, 2016) Estas ideas nos evidencian que las compras compulsivas entendidas como una práctica irracional, responden a un término psicológico: el autocontrol y a su vez nos señalan como tienden a producir una incidencia directa sobre nuestras decisiones económicas (Thaler, R., & Mullainathan, 2008).

Dentro de la economía conductual el autocontrol es entendido como el nivel en que cada consumidor es capaz de regular sus emociones, deseos e impulsos ante ciertas situaciones que se traducen en tentaciones y que le invitan a realizar una compra inesperada; de este modo, es posible plantearnos como hipótesis la existencia de una relación de causalidad presente entre los niveles bajos de autocontrol y los altos niveles de compras compulsivas. Lo cierto es que los primeros tiende a incentivar a los segundos haciendo posible la aparición del trastorno; en este sentido, alcanzar el autocontrol no sólo te permite no incurrir en compras impulsivas sino que además según algunos autores es importante predictor del éxito académico y profesional futuro  (Moffitt, T., et al., 2011) y (Tangney J. et al., 2004).

A decir verdad, lograr identificar el bajo autocontrol y un alto nivel de impulsividad en relación a la práctica de comprar es realmente sencillo sólo debemos centrar la atención en distintas variables ya mencionadas; en un primer instante el estado de ánimo de la persona seamos nosotros o un familiar antes de ejercer la acción, escuchar frases como “no puedo más” “me siento deprimida(o)” “debo salir” “lo necesito” evidenciar sentimientos de tristeza, soledad, ansiedad, desesperación e incomprensión que luego durante la compra desaparecen (segunda variable) hasta alcanzar el punto en que la euforia es tal, que compramos artículos que no necesitamos, que nunca usaremos o que sabemos que nos hacen daño, son demostraciones perfectas de la existencia del trastorno.

Por último, el estado de la persona al no darse la compra o consumo; por ejemplo, existen individuos que sienten satisfacción al almorzar diariamente en McDonald’s, en realidad no imaginan un día en que sus comidas no comprendan una hamburguesa Big Mac y un vaso grande de Coca Cola, cualquier rompimiento de la rutina genera un fuerte efecto de depresión o ira que no puede ser calmado sino hasta dirigirse al McDonald’s, sentarse y almorzar la misma Big Mac y el vaso de Coca Cola de a diario. Es en este punto donde la satisfacción es alcanzada y donde sin importar lo perjudicial que puede ser un vaso de Coca Cola diariamente (te hace engordar, genera cambios de humor, problemas de disfunción sexual y daños en el hígado) seguimos consumiéndolo.

 

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Fuente: Express UK

Seguir esta rutina no sólo causa un impacto en tu estado físico y mental, sino que también produce un efecto en el contexto económico en el que nos desenvolvemos, el mismo al presentar problemas de autocontrol y de compras impulsivas tienden a no ser estable sino al contrario su nivel de variación es considerable. Cada día, las empresas se enfocan en “persuadir” al público hacia la adquisición de ciertos productos, esto es posible a través de la modificación y perfeccionamiento de sus técnicas orientadas a tentar a sus clientes potenciales. En este sentido, es importante dedicar nuestra atención y tiempo en determinar la relación que en nosotros existe entre el autocontrol y las compras impulsivas, así podremos detener la tendencia evitando así repercusiones negativas tanto en el ámbito de las finanzas como en nuestra salud. A su vez, se torna apremiante la creación de estrategias orientadas a reducir las compras de este tipo y la aparición del trastorno CC ayudando a las personas a enfrentar la tentación o más bien el consumismo actual.

 

REFERENCIAS

Abirrached, M. (2016). Las ofertas, ¿son realmente ofertas? Universidad Iberoamericana de Puebla.

Diez D. et al. (2016). El trastorno de Compra Compulsia. Revista Iberoamericana de Psicosomática, 11-16.

Moffitt, T., et al. (2011). A gradient of childhood self-control predicts health, wealth, and public safety. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, Vol. 108, No. 7: 2693-2698.

Tangney J. et al. (2004). High self-control predicts good adjustment, less pathology, better grades, and interpersonal success. Journal of Personality, 72(2): 271-324.

Thaler, R., & Mullainathan. (2008). Behavioral Economics. The Concise Encyclopedia of Economics, 2nd Edition. The Concise Encyclopedia of Economics, 2nd Edition.

Wohl, S. . (2012). The Economics of Self-Control. Yale Scientific Magazine.

 

¿Energía atómica? No, gracias.

En Alemania hay una campaña constante en contra de la energía atómica. La gente pega estampas en sus autos, casas, bicicletas y todo lugar posible, con la leyenda “Atomkraft? Nein, danke” (energía atómica? No, gracias) para demostrar su repudio a esa fuente de energía. Esta campaña, que originalmente inició en Dinamarca en 1975, ha sido tan exitosa en Alemania que el país prácticamente está “libre” de energía atómica.

 

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La gente repudia la energía atómica normalmente por considerarla peligrosa y contaminante. Pero ¿qué tan segura es en realidad la energía atómica? Para responder esta pregunta, como para responder muchas otras, recurrimos normalmente a una “heurística” o “atajo” de nuestro cerebro, conocido como “heurística de disponibilidad”. Esta heurística explica que realizamos juicios sobre la probabilidad de un evento, basados en la facilidad con que un ejemplo, una instancia o caso relacionado vengan a nuestra mente. La facilidad con que estos elementos viene a nuestra mente, están a su vez ligados a su representación y a la carga emocional que contengan. ¿Qué quiere decir todo esto? Nada complicado, simplemente que si podemos recordar un evento con mucha facilidad, porque nos impactó, porque suena en todas partes, o porque nos relacionamos con él, juzgaremos que ese evento puede ocurrir muy fácilmente también, aunque la realidad – o la estadística- nos diga lo contrario.

Por ejemplo, para responder la pregunta ¿Qué tan segura es la energía atómica? Nuestra mente va a Tschernobyl, al terrible accidente que pasó ahí y tal vez a las varias películas y documentales que hay sobre el caso. Con todo el dramatismo de Hollywood y los artículos relativamente recientes sobre la ciudad fantasma que es ahora Tschernobyl después del accidente, la información está altamente disponible en nuestra mente. Esto nos hace juzgar que la energía atómica es muy peligrosa y como nadie quiere un accidente similar en sus ciudades, la mayoría de la gente se opone a ella.

¿Pero qué dicen los números sobre la energía atómica?

Según un estudio publicado en el Lancet por Markandya and Wilkinson en el 2007, la estandarización por terrawatt-hora (TWh) de las muertes por accidentes y contaminación del aire según la fuente de energía, muestra que la energía atómica es, por mucho, la más segura forma de producción energética comparada a la extracción de gas, biomasa, aceite, carbón y carbón marrón.  

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De igual forma, la estimación del número de muertes hipotéticas, a nivel global, que hubieran ocurrido como resultado de la producción de energía de una sola fuente para todo el mundo tomando un solo año (2014), muestran que la energía atómica hubiera sido también la más segura:

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Y en cuanto al impacto que tiene la forma de producción de energía sobre el medio ambiente, también la energía nuclear sería la que menos daño provoca:

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A pesar de todo esto, la mayoría de la gente se sigue oponiendo rotundamente a este tipo de energía (ver figura debajo) y la juzgan como una fuente de energía muy peligrosa. Pero es muy muy probable que gran parte de esta oposición se deba precisamente a la mencionada heurística que es, a su vez, fomentada por los medios.

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No es mi intención convencer a nadie de apoyar la energía atómica. Mi intención es simplemente demostrar la forma en que esta heurística afecta nuestros juicios y nos hace olvidarnos de datos duros que pueden o no sustentar nuestros juicios iniciales. Al tomar decisiones o valorar la probabilidad de un evento, no debemos de perder de vista esta heurística y en caso de que estemos siendo víctimas de ella con un juicio equivocado, idealmente tendríamos que ajustar nuestros argumentos.

 

 

Moldeando la Incertidumbre

Cómo Tomar Mejores Decisiones en Situaciones de Incertidumbre (Primer Capítulo)

Moldeando la Incertidumbre

Sigue los artículos de Pedro Del Carpio en su cuenta de Medium: https://medium.com/@pedrodelcarpio

 

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La vida es tomar constantes decisiones y experimentar sus consecuencias.

¿Pero es tal vez posible que hasta ahora no hayamos realmente aprendido cómo determinar las acciones que más nos convienen?

Este texto -dividido en varios capítulos- presenta una serie de principios teóricos de la Ciencia de la Toma de Decisiones, con la principal intención de ofrecer un conjunto de herramientas concretas que sean útiles para el lector. Aunque por momentos es inevitable utilizar algunos términos técnicos, he intentado expresar estas ideas de la manera más clara y universal posible.

Si he logrado mi objetivo, este artículo en particular establecerá los pilares conceptuales que permitirán mejorar nuestro proceso de toma de decisiones. Aquí se plantean pasos específicos con los cuales podamos transformar las situaciones cargadas de incertidumbre, en situaciones lo suficientemente manejables que nos permitan determinar con mayor claridad cuáles son las acciones que nos convienen tomar.

Primer Capítulo:

Moldeando la Incertidumbre

Los Fundamentos: Sobre el Riesgo y la Incertidumbre

Descartando alguna atracción por los juegos de azar o el placer estético por lo ambiguo, la necesidad humana de hallar certezas en un mundo constituido fundamentalmente por incógnitas nos ha llevado a desarrollar una aversión a situaciones de riesgo, y más aún a las de incertidumbre [1].

La diferencia entre ambos conceptos se encuentra en que en situaciones de riesgo, aunque el devenir de un evento es desconocido, las probabilidades y los posibles resultados están definidos de antemano. Digamos que tienes la terrible idea de participar en un juego de dados en donde tu vida está en peligro (à la Ruleta Rusa). En este caso tu destino será definido por el mencionado dado, con el cual incuestionablemente tendrás 16.6% de probabilidades (1 en 6) de obtener el número que acabaría con tu vida. En otro ejemplo, la probabilidad de que mueras en un accidente aéreo [2] es 0,0000018 % (1 en 5 371 369). Aunque el último escenario es ciertamente más complejo, los principios detrás del calculo de riesgo en ambos casos son esencialmente los mismos. Mientras los posibles resultados y las probabilidades sean conocidas, estamos frente a una situación de riesgo.

Por otro lado, las situaciones de incertidumbre son mucho más difíciles de manejar. Aquí los posibles resultados conocidos pero las probabilidades no pueden ser determinadas. Y en situaciones extremas, tanto los resultados como sus probabilidades son muy difíciles o imposibles de determinar.

Así, de manera amplia, cualquier situación que requiera la toma de una decisión se puede ubicar en algún punto del espectro que llamaremos Claridad-Opacidad (Figura 1) el cual expresa nuestro grado de conocimiento sobre la información referente a los posibles resultados y sus probabilidades en dicha situación [3] (y por lo tanto también su grado de manejabilidad). Bajo Riesgo, los resultados y las probabilidades son conocidas; en una situación Cisne Negro nos enfrentamos a un resultado con muy bajas probabilidades de ocurrencia -hasta consideras insignificantes- pero con desproporcionadas consecuencias cuando sucede; bajo Incertidumbre Knightiana los resultados son conocidos pero no sus probabilidades; y finalmente bajo Incertidumbre Radical los resultados y sus probabilidades son desconocidas.

 

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Figura 1: Espectro Claridad-Opacidad. Adaptado de Decision making in uncertain times: what can cognitive and decision sciences say about or learn from economic crises? Por Meder, Le Leec, Osma

Conocer la distinción entre los conceptos riesgo e incertidumbre es fundamental ya que nos permite advertir claramente que el tipo de situaciones a las que nos enfrentamos en esta intrincada vida contemporánea, con abrumadora mayor frecuencia, son del tipo incertidumbre: ¿Me conviene consumir ahora o ahorrar ese dinero? ¿Debo elegir la carrera que me apasiona y no es muy bien remunerada, u optar por una opción menos interesante pero más lucrativa?¿Debo trabajar inmediatamente o tomar un tiempo para viajar luego de terminar la universidad ?¿Debo renunciar a mi trabajo para embarcarme en una buena oportunidad de negocio que me proponen?¿Me conviene mantener o terminar la relación con mi actual pareja? Lector, siéntase libre de completar esta lista hasta el infinito con preguntas que le sean personalmente relevantes.

Habiendo dicho esto, es indiscutible que las situaciones de riesgo son significativamente más atractivas ya que el conocer los posibles resultados y sus probabilidades nos permite crear un escenario en que cada camino de acción tiene una mensurable y hasta cierto punto controlable consecuencia. Por lo tanto, si queremos tomar mejores decisiones debemos hacer lo posible por “moldear” -así sea de manera artificial- las situaciones de incertidumbre en situaciones de riesgo [4].

Introduciendo a La Utilidad Subjetiva Esperada

Una propuesta radical. Las personas debemos elegir la mejor opción para nuestros intereses.

No, no es una broma. Aunque en muchas circunstancias los humanos somos suficientemente buenos tomando decisiones -particularmente cuando son situaciones familiares o simples- nuestras grandes limitaciones para elegir lo que más nos conviene frente a acontecimientos complejos han demostrado a través de la historia no ser simplemente anécdotas. Dejando de lado limitaciones cognitivas y de información o el efecto de interacciones sociales, el punto de origen de nuestra poco fiable habilidad para tomar correctas decisiones se encuentra en la falta de un conjunto de procedimientos lógicos que permitan organizar nuestro conocimiento de la realidad -tanto objetivo como subjetivo- al momento de decidir qué línea de acción tomar. De manera importante, recordemos que una buena decisión está finalmente determinada por el proceso que siguió, y no por el desenlace final.

La Utilidad Subjetiva Esperada (USE) es uno de los modelos paradigmáticos en el estudio de la toma de decisiones, el cual toma por las astas nuestra limitaciones para elegir correctamente un camino a seguir, proponiendo un método prescriptivo* -es decir, nos indica cómo debemos tomar la decisión-, basándose en una serie de premisas o axiomas de lo que un “comportamiento racional” debería ser. A diferencia de los modelos que la presidieron, la USE puede lidiar con nuestro desconocimiento de la probabilidades objetivas en cualquier escenario de incertidumbre mediante una estimación subjetiva de estas.

La USE establece que debemos elegir un curso de acción específico entre una serie de opciones cuando la interacción entre su atractivo y su probabilidad de ocurrencia es superior al de las otras alternativas.

(*Su validez como un modelo descriptivo es asunto de debate académico.)

La USE se puede calcular de manera sorprendentemente simple identificando los siguientes elementos:

·       los cursos de acción que podemos tomar

·       los resultados (o desenlaces) que se pueden dar en el futuro

·       las probabilidades de ocurrencia de los resultados

·       las consecuencias de cada posible curso de acción y su grado de (in)satisfacción o (in)deseabilidad.

Aplicación: Tomando Mejores Decisiones

Desarrollemos el método de la Utilidad Subjetiva Esperada para la toma de decisiones empleando como ejemplo una de las preguntas planteadas en la sección anterior: ¿Debo renunciar a mi trabajo para embarcarme en una buena oportunidad de negocio que me proponen?

1.    En primer lugar establece todos los cursos de acción posibles.

En este caso puedes*

·       renunciar a tu trabajo

·       quedarte en tu trabajo

(*Es posible establecer más cursos de acción, como por ejemplo el quedarte en tu trabajo y dedicarte al proyecto en tu tiempo libre. En este caso lo mantendremos simple y binario.)

2. Luego establece los resultados que se pueden dar en el futuro y estima* una probabilidad de ocurrencia a cada uno de ellos.

·       el negocio fracasa = 35%

·       el negocio es un éxito = 65%

(*Nota que estas probabilidades son determinadas en base a la información con la que contamos, ya sea objetiva, subjetiva o la combinación de ellas.)

3. A continuación, estima un valor para cada una de las consecuenciassurgidas como producto de la interacción entre cada curso de acción y los posibles resultados. Desde -100 cuando es insuperablemente indeseable o insatisfactorio, hasta +100 cuando es insuperablemente deseable o satisfactorio*. Dicho valor es llamado utilidad.

·       Renuncias a tu trabajo y el negocio fracasa = -60

·       Renuncias a tu trabajo y el negocio es un éxito = +80

·       Te quedas en tu trabajo y el negocio fracasa = +30

·       Te quedas en tu trabajo y el negocio es un éxito = -30

(*Asumamos que un cero es equivalente a ser indiferente a la consecuencia.)

4. Finalmente aplica la siguiente fórmula a cada curso de acción. Elige el curso de acción con mayor valor USE.

USE de cada curso de acción = (probabilidad del resultado 1 * utilidad de la consecuencia X)+(probabilidad del resultado 2 * utilidad de la consecuencia Y)

·       USE de renunciar a tu trabajo = (0.35*-60)+(0.65*+80)= +31

·       USE de quedarte en tu trabajo = (0.35*30)+(0.65*-30)= -9

 

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Como podemos inducir de la matriz, el renunciar a tu trabajo es la decisión que, basada en nuestra estimación subjetiva de los elementos que conforman este escenario, es el curso de acción que te dará mayor utilidad o satisfacción. Claramente, si otros valores son estimados, la USE sería distinta y por ello el adecuado curso de acción a tomar podría ser el opuesto.

Domando a la Bestia (Y Las Limitaciones Del USE)

El inmenso mérito de un método como el de la Utilidad Subjetiva Esperada es que nos permite identificar lo que es claramente conveniente para nuestros intereses, un reto bastante elusivo cuando la situación bajo evaluación es novedosa, compleja o de gran importancia. Gracias a que la USE expresa la utilidad en términos numéricos, podemos objetivamente comparar alternativas y así establecer explícitamente nuestras preferencias y las líneas de acción a seguir; algo excepcionalmente útil cuando nuestras corazonadas, emociones o sospechas no son lo suficientemente confiables.

A través de la estimación subjetiva de los potenciales resultados y sus probabilidades, esta herramienta es capaz de tomar una situación del mundo de la incertidumbre y acercarla a la del riesgo. La incertidumbre no es medible ni accionable, el riesgo sí lo es. No puedes matar a la bestia, pero puedes domarla ¿Cuánto mejor serían algunos aspectos de nuestras vidas si las más importantes decisiones las hubiéramos tomado mediante un proceso lógico como el de la USE?

La incertidumbre no es medible ni accionable, el riesgo sí lo es. No puedes matar a la bestia, pero puedes domarla.

Sin embargo, las decisiones tomadas basadas en la USE se sostienen en una suposición bastante ambiciosa: todos los elementos que las conforman -acciones, resultados, probabilidades y consecuencias- han sido correctamente identificados y estimados. El “Santo Grial” de la toma de decisiones parece encontrarse entonces en obtener la mayor calidad y cantidad de información, con el menor número de ruido y sesgos posibles, para poder luego utilizarla en un método con reglas lógicas que identifique el camino que proporcione mayor utilidad.

Pero cabe preguntarse, ¿qué tanto conocemos la realidad como para poder asignar con certeza probabilidades a sus eventos? ¿Qué tan seguros estamos sobre nuestra capacidad de distinguir lo que nos da mayor o menor satisfacción? ¿Qué tanto podemos confiar en que nuestros gustos y preferencias no cambiarán significativamente en el futuro? Sabiendo que el tiempo inevitablemente traerá a nuestra vida una serie de importantes y variados acontecimientos hasta ahora impredecibles, ¿qué tan frágiles son las decisiones que tomamos hoy? ¿Podemos estar seguros que nuestras decisiones no causarán negativos efectos de segundo o tercer orden [5] ? De manera general, ¿qué tan seguros podemos estar que la información que tenemos es suficiente y adecuada? Es claro entonces que aunque sigamos un proceso correcto, no hay garantías sobre cuál será su desenlace. Si los insumos son defectuosos, el producto también lo será. Shit in, shit out.

En los siguientes capítulos de Cómo Tomar Mejores Decisiones en Situaciones de Incertidumbre, emplearemos conceptos provenientes de la Psicología, la Gestión de Riesgos, la Economía Conductual, el estudio de Probabilidades y la Filosofía; para explorar las distintas maneras en las que podemos hacer frente a nuestras limitaciones cognitivas, de acceso a la información y de incertidumbre ontológica.

Finalmente, invito desde ya al lector a experimentar directamente el método de la Utilidad Subjetiva Esperada, utilizándolo como una ayuda para determinar cuáles son las pequeñas o grandes acciones que les darán mayor satisfacción. Aunque el método USE está lejos de ser infalible, el conocerlo y ser capaz de aplicar sus principios es un paso inicial y crítico en nuestro camino hacia la mejora de nuestro proceso de toma de decisiones.

El artículo en un párrafo

Tomar decisiones en una situación de incertidumbre requiere transformarla o moldearla en una situación de riesgo. Para ello tanto los posibles resultados como las probabilidades de su ocurrencia deben ser determinados. La Utilidad Subjetiva Esperada nos permite tomar decisiones lógicas basándonos en una estimación subjetiva de los elementos que la conforman. Con la USE podemos objetivamente comparar alternativas y así establecer explícitamente nuestras preferencias y las líneas de acción a seguir; algo excepcionalmente útil cuando nuestras corazonadas, emociones o sospechas no son lo suficientemente confiables.

 

¿Quieres conocer más sobre el Riesgo, Incertidumbre y la Utilidad Subjetiva Esperada? Este artículo ha sido escrito basándose en las siguientes fuentes:

[1] Risk, Ambiguity, and the Savage Axioms. Por Daniel Ellsberg

[2] A crash course in probability. The Economist

[3] Decision making in uncertain times: what can cognitive and decision sciences say about or learn from economic crises? Por Meder, Le Leec, Osman

[4] Risk, Uncertainty and Profit. Por Frank Knight

[5] Thinking About Second & Third Order Effects: A Sample (And Simple) Methodology. Por Michael G. Miller

Antifragil. Las cosas que se benefician del desorden. Por Nassim Taleb

¿Existe la suerte? Engañados por el azarPor Nassim Taleb

El Cisne NegroPor Nassim Taleb

Pensar rápido, pensar lentoPor Daniel Kahneman

Subjective Expected Utility Theory Por Shanteau y Pingenot en Kattan (Ed.)

Epistemic, ontological and aleatory risk. Por Matthew Squair